La Depresi�n Mundial de la d�cada del 30 inaugur� un periodo de bajos precios agr�colas. En este contexto Prebisch elabora su teor�a sobre el �deterioro de los t�rminos de intercambio� que implicaba la imposibilidad de que, en un pa�s como Argentina la agroindustria pudiese liderar el crecimiento econ�mico. En esta visi�n se justificaba la imposici�n de retenciones ante cualquier alza de precios internacionales, ya que se pensaba que la misma seria transitoria y estos impuestos servir�an para captar rentas sin afectar las escasas inversiones previstas. En esta concepci�n del comercio internacional las retenciones ten�an la virtud de generar recursos fiscales y contener alzas bruscas de precios de los alimentos sin pagar los costos de menos producci�n. Pero el siglo XXI es distinto al pasado, Estamos en presencia de cambios en los mercados de alimentos que exigen comprensi�n, si es que queremos dise�ar pol�ticas productivas que creen empleo y reduzcan la pobreza. Recordemos que, durante 30 a�os a partir de los setenta, los precios de los alimentos se redujeron mundialmente (70 por ciento en t�rminos reales). Influyeron en esta declinaci�n los subsidios de los pa�ses industrializados. Pero en los �ltimos a�os esta tendencia se revierte dr�sticamente; seg�n The Economist el precio de los alimentos esta hoy en t�rminos reales en su valor mas alto de los �ltimos 160 a�os. La pregunta es si esta tendencia se mantendr�, teniendo en cuenta las amenazas de recesi�n en los Estados Unidos. Responder a este interrogante es esencial para nuestra pol�tica impositiva; si creemos que estas alzas de precios son ef�meras tiene alg�n sentido gravar las exportaciones con retenciones, ya que se trata de capturar rentas transitorias . Pero, si estos precios est�n para quedarse las retenciones son una mala decisi�n, ya que nos impiden responder, v�a aumento en la producci�n y en el empleo agroindustrial, al llamado de los nuevos consumidores mundiales que demandan m�s alimentos.
- Por qu� sube el precio de los alimentos?
Contestar este interrogante exige considerar factores estructurales que sostienen alto el precio de los alimentos. En primer lugar tenemos un hecho nuevo: el aumento en el nivel de vida de casi 4000 millones de personas en pa�ses emergentes, cuyo crecimiento es la locomotora del crecimiento mundial, particularmente en el Asia-Pacifico, donde gravitan gigantes como India y China. La clave es el mayor consumo de carnes; cuando el �nico crecimiento es el de la poblaci�n aumenta el consumo de cereales, pero cuando aumenta el nivel de vida aumenta el consumo de carnes. El crecimiento econ�mico modifica la dieta, en 1985 cada chino consum�a apenas 20 kilos de carnes por a�o, hoy esta consumiendo mas de 50 kilos. Este aumento en el consumo de carnes impulsa a su vez la demanda de granos, ya que se requieren 3 kilos de granos por cada kilo de cerdo y 8 kilos por cada kilo de carne vacuna. Claro que la demanda china se saciara, pero vendr�n nuevas oleadas de consumidores en otros pa�ses emergentes, donde la gente desea que el progreso se traduzca en una dieta con m�s carnes. En estos pa�ses el consumo directo de cereales apenas ha crecido en los �ltimos 25 a�os, mientras el de carnes ya se ha duplicado. Es esta modificaci�n de la dieta que est� impulsando hacia arriba los precios de los cereales, a pesar que la oferta tambi�n es creciente y la �ltima cosecha mundial ha sido un record absoluto con cerca de 1.700 millones de toneladas. Este es el nuevo factor estructural que explica la novedosa coexistencia de los precios altos con producciones r�cords.
Este escenario alcista se fortalece con el aumento en el precio del petr�leo que estimula la producci�n de biocombustible. Por ejemplo, Estados Unidos, principal exportador de ma�z, dedica hoy m�s de su producci�n al etanol que a la exportaci�n (85 millones de toneladas) cuando en el 2000 apenas dedicaba 15 millones. En los pr�ximos a�os m�s de la tercera parte del ma�z se dedicara en los Estados Unidos a la elaboraci�n de etanol, gozando de subsidios estimados en medio d�lar por litro.
Es as� como la FAO, el a�o pasado, estaba previendo hacia el a�o 2017 el mantenimiento de precios altos para los granos, mientras que el IFPRI estima un alza en el orden del 10 al 20 por ciento. Claro que ahora est� presente la amenaza del enfriamiento de la econom�a mundial, empujada por los malos vientos que est�n soplando en Estados Unidos; pero tenemos que tener cuidado en no confundir fluctuaciones c�clicas de corto plazo (1 o 2 a�os) de la econom�a mundial con los ciclos largos de car�cter estructural que pueden comprender varias d�cadas. Lo que esta ocurriendo hoy con la demanda mundial de alimentos se inscribe en la descripci�n de las ondas largas (de m�s de 50 a�os) que estudiaran Kondratieff y Schumpeter, demostrando que en la fase expansiva de largo plazo de la econom�a mundial las crisis son m�s suaves y las recesiones m�s cortas. El mundo vive hoy una onda larga de crecimiento impulsada por las naciones emergentes con enorme gravitaci�n demogr�fica; el dato nuevo son centenares de millones que anualmente se incorporan al mercado demandando m�s prote�nas animales. Para nosotros ha cambiado el gris escenario internacional, que ven�amos padeciendo desde la Gran Depresi�n de los treinta, cuando empez� la larga era de precios agr�colas en descenso. La cuesti�n es saber si seremos capaces de aprovechar esta oportunidad y no desperdiciarla con pol�ticas err�neas.
Hay 3.000 millones de personas en los pa�ses emergentes que demandan m�s cereales, oleaginosas, carnes, leche, hortalizas, legumbres, frutas, pescados y vinos. Ellos mandan a trav�s de los precios en alza un mensaje muy claro: �necesitamos sus alimentos porque nuestro nivel de vida est� mejorando velozmente�.
- La gran tentaci�n cortoplacista: las retenciones.
Las retenciones son atractivas ya que impiden el alza del costo de los alimentos en el mercado interno, evitando as� presiones inflacionarias. Adem�s su recaudaci�n es simple, a trav�s de la aduana; son f�ciles de imponer ya que no exigen la aprobaci�n del Congreso y constituyen una tentaci�n para los Secretarios de Hacienda, pues el Tesoro embolsa toda la recaudaci�n sin coparticipar a las Provincias (ni siquiera a las que generan la producci�n). Son pocos los pa�ses que gravan sus exportaciones. Argentina lidera este reducido grupo ya que aplica no s�lo impuestos a sus exportaciones sino que adem�s les impone restricciones cuantitativas. El da�o que causan al crecimiento agroindustrial estas medidas es superior al costo que venimos soportando por los subsidios y el proteccionismo que los pa�ses ricos inventaron despu�s de la Segunda Guerra Mundial, contra el cual hemos bregado por d�cadas.
La abolici�n de las retenciones tendr�a un efecto positivo sobre la inversi�n y la incorporaci�n de m�s tecnolog�a, lo cual redundar�a en m�s producci�n y m�s empleo en la cadena agroindustrial, contribuyendo as� a un crecimiento regional equilibrado. Este proceso de expansi�n impactar�a favorablemente en el largo plazo en la reducci�n de la pobreza ya que la agroindustria podr�a crear 300.000 nuevos empleos.
Sabemos que las retenciones sirven para aislar los precios internacionales de precios internos m�s bajos de alimentos que son esenciales para la poblaci�n. Esto es muy bueno para el bienestar de la gente, especialmente la m�s pobre, el problema es que el costo de lograr este objetivo es alto ya que el pa�s pierde la oportunidad de aprovechar la expansi�n de los mercados internacionales. La pregunta es entonces cu�les son las alternativas que enfrentamos si es que no queremos perder la oportunidad que esta onda larga de crecimiento mundial significa para un pa�s como el nuestro, dotado de recursos naturales de calidad. Comencemos por la alternativa de eliminar las retenciones y dejar que los mercados funcionen; esta propuesta no es viable por dos razones. En primer lugar aparecer�a un agujero fiscal, insostenible en un pa�s endeudado como el nuestro; adem�s, el impacto inmediato del alza del precio de los alimentos implicar�a que m�s de un mill�n de compatriotas cruzar�an la l�nea de la pobreza.
Consideremos entonces la segunda alternativa aceptando la eliminaci�n de las retenciones (incluso gradual con un cronograma fijado). La brecha fiscal ha sido evaluada por Julio Nogues y Alberto Porto, quienes estiman que �v�a aumentos de producci�n y ganancias- podr�a llegar a recuperarse hasta el 73 por ciento de la p�rdida de recaudaci�n por eliminaci�n de las retenciones. Estos autores tambi�n cuantifican la recaudaci�n adicional de un impuesto a la tierra que refleje su valorizaci�n asociada con el alza del precio de los alimentos. Lo interesante es observar que existe margen para cubrir sin problemas el faltante de recaudaci�n. Esta propuesta tributaria tiene adem�s una ventaja comparada con la situaci�n actual con retenciones que no se coparticipan a las provincias, ya que la nueva recaudaci�n nacional seria coparticipable, mientras que impuestos a la tierra deber�an ser provinciales retribuyendo as� a las regiones que est�n creando la nueva riqueza.
Pero no basta con asegurar la ecuaci�n fiscal, ya que la eliminaci�n de las retenciones tendr�a un inmediato impacto alcista en el precio de los alimentos. Por esta raz�n no existir� viabilidad pol�tica para esta propuesta sino se protege al segmento m�s pobre de la poblaci�n. Existen muchas formas de establecer subsidios focalizados a estos consumidores que deben ser protegidos. Los subsidios focalizados correctamente tienen la gran virtud de asegurar la cohesi�n social, sin pagar el costo del desaliento a la expansi�n productiva causado por pol�ticas de subsidios indiscriminados a toda la oferta interna de alimentos.
- Una propuesta para nuestro futuro.
Aplicar retenciones a las exportaciones en esta fase expansiva del mercado globalizado de alimentos impide la plena utilizaci�n de nuestro potencial, ya que aun necesitamos m�s inversi�n y m�s tecnolog�a en todos los eslabones de la cadena agroindustrial. Por ello es recomendable la eliminaci�n gradual de estos impuestos, comenzando con las producciones regionales (arroz, frutas, legumbres, te, yerba, vinos, az�car y tabaco). El tema fiscal es manejable, ya que aumentar�a la recaudaci�n de impuestos asociados con el incremento de producci�n y las mayores ganancias, cubri�ndose as� por lo menos el 70 por ciento de la recaudaci�n perdida por eliminaci�n de las retenciones. El incremento en el costo interno de los alimentos exigir� la implementaci�n de subsidios focalizados a las familias de bajos ingresos. La brecha fiscal remanente deber�a ser cubierta con un razonable impuesto a la tierra administrado por las provincias y que reconozca la valorizaci�n reciente. Este impuesto es equitativo y no desalienta ni la producci�n ni la inversi�n, como las retenciones. El mundo est� cambiando, quiere m�s y mejores alimentos y nosotros podemos producirlos, preservando el bienestar de los sectores humildes. No hay antagonismo entre inclusi�n social y eficiencia econ�mica.
Es urgente definir una nueva estrategia de inserci�n internacional de Argentina en un mundo �vido de alimentos, como hace nuestro socio Brasil. Es posible aprovechar esta onda larga de demanda internacional y al mismo tiempo reducir la pobreza. Lo que se requiere es entender lo que est� pasando en los mercados globales y estar dispuesto a implementar pol�ticas fiscales y sociales que no desalienten la producci�n y sean al mismo tiempo equitativas. Es hora de escuchar el mensaje del mundo emergente que demanda m�s y mejores alimentos. Si actuamos con inteligencia podremos as� reducir dr�sticamente nuestra pobreza.