lunes, enero 11, 2010

Argentina Frente al Cambio Clim�tico

Informe Especial N� 409 (Versi�n PDF)

"Argentina Frente al Cambio Clim�tico:
Un Balance de la Cumbre de Copenhague"

Por Alieto Aldo Guadagni



Durante el pasado mes de diciembre, pr�cticamente todas las naciones del planeta se reunieron en la denominada Cumbre de Copenhague en Dinamarca, para definir los cursos de acci�n que la humanidad deber� encarar para afrontar solidariamente el desaf�o global del cambio clim�tico. En esta nota presentamos un balance de lo ocurrido en esta reuni�n convocada por Naciones Unidas en el marco de la Convenci�n Marco sobre Cambio Clim�tico.
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No son pocas las esperanzas que se vieron frustradas cuando esta Cumbre, que hab�a convocado a decenas de los l�deres pol�ticos m�s importantes del planeta, concluyo con una mera declaraci�n denominada "Acuerdo de Copenhague", que carece de eficacia legalmente vinculante entre las naciones. En una visi�n optimista podr�amos aceptar que este Acuerdo es apenas el primer paso hacia una soluci�n global, que tenga la eficacia requerida para afrontar los problemas de mitigaci�n y adaptaci�n clim�tica que ya estamos afrontando en muchas regiones del planeta, particularmente en los territorios de los pa�ses en desarrollo.
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Las esperanzas se cifran ahora en la pr�xima cumbre de diciembre de este a�o que tendr� lugar en M�xico. Pero mientras tanto el mundo estar� pendiente de la aprobaci�n o no por parte del Senado de los Estados Unidos de la ley ambiental propuesta por Obama. En esta nota adem�s presentamos una visi�n sobre el cambio clim�tico a partir del cuadro energ�tico argentino, caracterizado por la p�rdida del autoabastecimiento en hidrocarburos y la vigencia de regresivos subsidios a las energ�as f�siles contaminantes.
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Nuestra conclusi�n es que hay que comenzar a construir sin demoras una nueva agenda energ�tica y ambiental para afrontar en el futuro el desaf�o clim�tico global, reconociendo con realismo que la actual administraci�n carece de vocaci�n para definir una eficaz pol�tica p�blica en este campo. Mientras el mundo esperara por efectivas medidas globales hasta la reuni�n de M�xico a fines de este a�o, en nuestro pa�s deberemos esperar hasta el pr�ximo turno del gobierno nacional en el 2011.

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viernes, diciembre 11, 2009

Cambio Clim�tico. La Reuni�n en Copenhague

Informe Especial N�408 (Versi�n PDF)


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"Cambio Clim�tico. La Reuni�n de Naciones Unidas en Copenhague y los desaf�os para la Argentina"
Por Alieto Guadagni

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martes, noviembre 18, 2008

El FMI vuelve al Escenario Mundial con m�s Fondos. Pero, �Habr� financiamiento para todos?


PorAlieto Guadagni
(economista invitado)


Hasta hace poco el FMI hab�a perdido relevancia en el escenario internacional, tanto es as� que su cartera de pr�stamos ya casi no inclu�a pa�ses a los cuales asist�a financieramente, por eso se dec�a que la mayor preocupaci�n de su personal era mantener su situaci�n laboral. Pero ahora todo es distinto, el rol del FMI se fortalece notablemente con nuevos recursos financieros y su cartera crediticia aumenta en las �ltimas semanas. La pregunta clave es si este �nuevo� FMI asistir� en el futuro a todos los pa�ses que as� lo requieran sin ning�n tipo de requisito, y cu�l es el dilema que enfrentar� N�stor Kirchner en las pr�ximas semanas.

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mi�rcoles, octubre 01, 2008

El Futuro de Nuestras Exportaciones


Por Alieto Guadagni
(economista invitado)


La econom�a mundial vive horas de turbulencia con signos preocupantes de tendencias recesivas en los niveles de actividad. El propio Dominique Strauss-Kahn, reflexionando sobre el impacto del shock financiero, ha manifestado: �las econom�as europeas ya se est�n ralentizando, y este proceso continuar� el pr�ximo a�o. Los pa�ses emergentes han resistido, aunque hay quienes argumentan que, al secarse el flujo de capital y caer el precio de los commodities, las ruedas del carro del crecimiento se terminan saliendo�. En los grandes pa�ses industrializados est� ya en curso un ciclo de contracci�n del cr�dito, ca�da del valor de bienes inmobiliarios, amortizaci�n de las deudas y abatimiento de la actividad econ�mica. Es dif�cil aceptar que no habr� un derrame negativo hacia el resto de los pa�ses.

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martes, septiembre 02, 2008

�Terminan nuestras exportaciones energ�ticas?


Por Alieto Guadagni
(economista invitado)


Se�alemos que en todos los bienes energ�ticos los brasile�os pagan siempre mucho m�s que nosotros. Por ejemplo la nafta casi el doble, el gas 30 veces m�s y la electricidad familiar 6 veces m�s. Aqu� surge una pregunta obvia: si dos pol�ticas energ�ticas son tan distintas, cual es m�s conveniente para el bienestar de la poblaci�n? La pol�tica argentina parece ser superior a la brasile�a porque maximiza el bienestar presente de la poblaci�n, pero como advierte el sabio refr�n no sea cosa que sea �pan para hoy pero��. Por esta raz�n echaremos una mirada a lo que viene ocurriendo en los �ltimos a�os con la producci�n energ�tica en Argentina y Brasil.

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lunes, julio 21, 2008

Petr�leo, Ferrocarril y el Tren Bala


Por Alieto Guadagni
(economista invitado)


En esta nota presentamos un enfoque estrat�gico de la cuesti�n ferroviaria, centrado en la evoluci�n de insumos claves para la actividad productiva, como el petr�leo. Este an�lisis es �til para apreciar los riesgos que corremos si equivocamos las prioridades de las grandes inversiones p�blicas, justamente cuando ingresamos en la era de la energ�a cara. Este riesgo existe y es muy significativo, por eso es inexplicable que el gobierno nacional viole la sabia ley 24.354, que exige que las decisiones presupuestarias que comprometan recursos p�blicos para financiar inversiones, est�n sujetas a una rigurosa comparaci�n de costos y beneficios de las obras propuestas.

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martes, junio 17, 2008

Alimentos, Hidrocarburos, Bolivia y Retenciones m�viles


Por Alieto Guadagni
(economista invitado)


Hace muchos a�os Walras nos explicaba que el mundo econ�mico ten�a que ser entendido bajo la �ptica del �equilibrio general�. En esta visi�n integrada de la realidad econ�mica �todo tiene que ver con todo�; con evidente modestia en esta nota presentaremos las conexiones existentes entre actividades productivas argentinas tan relevantes como el campo y la energ�a, particularmente el petr�leo y el gas. Pero primero veremos qu� est� ocurriendo hoy en el mundo y qu� se espera que ocurra en los �ltimos a�os.Durante m�s de cinco a�os el gobierno hizo girar su esquema de pol�tica econ�mica en torno a la pol�tica de tipo de cambio alto. Inesperadamente a partir de mediados de Mayo el gobierno introduce un giro de 180 grados en el modelo de pol�tica econ�mica que se ven�a aplicando..

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viernes, abril 11, 2008

Otra Pol�tica para Petr�leo y Gas

por Alieto Aldo Guadagni
(economista invitado)



1- Petr�leo y pol�tica. La triple tenaza

Los hidrocarburos han ocupado un lugar importante en nuestra agenda pol�tica; recordemos el frustrado acuerdo con la Standard Oil de California propiciado por Per�n antes del golpe militar que lo derroc� en 1955, o los contratos petroleros impulsados por Frondizi y Frigerio en 1958. Tambi�n podr�amos mencionar las iniciativas de Alfonsin para estimular la producci�n nacional, bautizadas como el Plan Olivos en 1988 y que fueran profundizadas por Menem en los noventa con la privatizaci�n de YPF. Es as� como nuestro pa�s, tradicional importador de petr�leo no solo pudo lograr su anhelado autoabastecimiento, sino tambi�n convertirse en exportador no solo de petr�leo sino tambi�n de gas. Pero las cosas han comenzado a cambiar en los �ltimos a�os a pesar que los precios energ�ticos han trepado impulsados al alza por varios factores entre los cuales destacamos la creciente demanda china ( a fines del 2001 el petr�leo se cotizaba a apenas 20 d�lares el barril y en la actualidad supera los 100). Si no definimos con urgencia una nueva pol�tica de hidrocarburos que aliente el aprovechamiento de nuestros recursos corremos el riesgo de caer en la trampa de la �triple tenaza�, al transitar desde un estadio de energ�a abundante, barata y exportada a otro caracterizado por energ�a escasa, cara e importada.


2- Desfasaje creciente entre oferta y demanda.

Estamos en presencia de un creciente desfasaje entre una demanda energ�tica que trepa por la expansi�n econ�mica y una oferta que declina a�o a a�o. Se�alemos que la producci�n de petr�leo viene cayendo desde 1998, cuando su nivel se ubicaba un 33 por ciento por encima del volumen actual, por este motivo estas exportaciones han ca�do nada menos que un 90 por ciento en la �ltima d�cada. Pero lo m�s grave es que las reservas vienen cayendo por la merma en las tareas de exploraci�n. Por todo esto no debe sorprender que las exportaciones se est�n evaporando y apunten a su extinci�n hacia el 2009, cuando perdamos as� el autoabastecimiento y nos convirtamos nuevamente en importadores. Es as� como no s�lo se perder�an los recursos fiscales por retenciones a las exportaciones sino que emerger�an presiones para alinear nuestros precios internos con los precios de importaci�n que equivalen a m�s del doble. Para darse cuenta de ello basta con mirar a nuestros vecinos importadores de petr�leo, Brasil, Chile, Paraguay, y Uruguay donde los combustibles tienen precios que duplican los nuestros.

3- La clave est� en el gas.

El mayor esfuerzo debe estar orientado hacia el gas que, como no es un commodity global como el petr�leo, se moviliza en �mbitos regionales m�s reducidos, potenciando as� su importancia geopol�tica por la gravitaci�n de la cercan�a geogr�fica entre pa�ses exportadores e importadores. La madre de todas las batallas por nuestra seguridad energ�tica se librara por estas razones en el sector gas�fero ya que en pocos pa�ses el gas es tan importante como en Argentina. En el mundo representa apenas la quinta parte del consumo de energ�a, mucho menos que el petr�leo y el carb�n. Las cosas son distintas en nuestro pa�s, donde el gas satisface la mitad del consumo energ�tico (en Brasil apenas el 8 por ciento). No es solo esencial para el confort familiar, sino que tambi�n es un insumo cr�tico en las muchas actividades productivas que necesitan de gas abundante y barato para potenciar sus ventajas competitivas. Alrededor del 60 por ciento de la generaci�n el�ctrica depende del gas; con m�s de 1,5 millones de veh�culos impulsados por GNC lideramos en el mundo la transformaci�n tecnol�gica que significa este reemplazo de petr�leo por gas. No es una exageraci�n decir que nuestro crecimiento econ�mico depender� del acceso a suministros seguros de gas a costos moderados. Esto se refuerza cuando se considera que en poco tiempo volveremos a ser importadores de petr�leo. Es preocupante observar que la producci�n de gas est� declinando desde el 2004 y las reservas han ca�do mas del 40 por ciento desde el 2002. Por esto es conveniente buscar el acceso a las reservas gas�feras de Bolivia, como procura el contrato firmado por Enarsa con Yacimientos Petrol�feros Bolivianos el a�o pasado. Pero para que Bolivia pueda cumplir en el futuro sus compromisos de exportaci�n a nuestro pa�s hay que construir un gran gasoducto que reci�n se esta licitando ahora, pero adem�s hay que invertir en desarrollar los campos gas�feros. Si la producci�n boliviana no se expande fuertemente, podr�an aparecer problemas para nuestro abastecimiento. Aqu� es preocupante el articulo 3.8 del contrato firmado por Enarsa, que reza �las exportaciones de gas a Argentina, ante potenciales interrupciones que pudieran presentarse mantendr�n razonable prioridad o proporcionalidad (...) respetando las obligaciones asumidas con anterioridad...es decir abastecer primero el mercado interno boliviano, luego la exportaci�n de gas a Brasil e inmediatamente despu�s el contrato con Argentina�. Vale la pena aprender de las lecciones de la diplomacia energ�tica mundial que procura diversificar las fuentes de abastecimiento para evitar los riesgos de la dependencia en este cr�tico rubro. Esto ocurre no s�lo ahora en Chile y Brasil, sino tambi�n en Jap�n, China, India, Estados Unidos y particularmente en la Uni�n Europea que no est� nada contenta con su dependencia del gas ruso. En nuestro caso, es razonable que procuremos el acceso al gas boliviano, pero no es recomendable olvidar nuestras propias posibilidades ya que el consumo aumentar� fuertemente por la construcci�n de nuevas centrales el�ctricas que ahora impulsa el gobierno. Es dif�cil de entender que fijemos un precio de casi 7 d�lares para el gas boliviano mientras que la producci�n de Salta, Neuquen y la Patagonia tenga un precio de apenas 1,5 d�lares por mill�n de BTU. No olvidemos que cada metro c�bico adicional de gas argentino significar� m�s regal�as para las provincias y m�s empleo, inversiones y prosperidad en el interior de nuestro pa�s.

4- No hay una �maldici�n� geol�gica.

La ca�da en las reservas y en la producci�n de hidrocarburos no puede ser atribuida a una �maldici�n geol�gica� sino a la ausencia de pol�ticas que alienten inversiones que enfrenten el riesgo exploratorio. Los productores de hidrocarburos en los �ltimos a�os, salvo ciertas excepciones, pusieron m�s �nfasis en extraer de pozos conocidos que en incorporar reservas. Es urgente replantear la movilizaci�n de genuinos capitales de riesgo para el desarrollo de �reas potencialmente productivas. Para ello es crucial un nuevo r�gimen de estabilidad tributaria similar a la Ley de Miner�a que impuls� esta hist�ricamente olvidada actividad. En este r�gimen nos tendremos que olvidar de las retenciones a las exportaciones (que est�n desapareciendo) y capturar la renta fiscal del recurso mediante licitaciones. Este mecanismo es superior a las decisiones discrecionales de adjudicaci�n de concesi�n y renovaci�n de �reas a las cuales son tan afectas las burocracias pol�ticas y los �lobbies� petroleros, como advert�a el Premio Nobel James Buchanan . La pol�tica petrolera deber�a estar asentada sobre tres pilares: 1) promover m�s inversiones en exploraci�n para mantener el autoabastecimiento, impulsando la extensi�n de las concesiones, a fin de prolongar el horizonte temporal requerido para amortizar las inversiones requeridas.2) la renovaci�n de estas concesiones se adjudicaran a trav�s de licitaciones abiertas, transparentes y competitivas con el prop�sito de poder seleccionar las mejores ofertas; desde ya que este procedimiento excluye las renovaciones discrecionales a favor de los actuales concesionarios, los cuales si podr�n competir con nuevos oferentes.3) las nuevas concesiones se otorgaran a quienes aseguren el mayor ingreso fiscal a favor de las provincias y aseguren compromisos ciertos de inversi�n.

5- Las falsas soluciones.

No parecen recomendables otras opciones, aparentemente atractivas, como por ejemplo negociaciones directas con los actuales concesionarios sin licitaci�n p�blica y mucho menos renunciar al cobro de la renta petrolera o aportar fondos provinciales, aceptando acciones minoritarias de las empresas privadas petroleras. La experiencia no s�lo argentina, sino tambi�n en otros pa�ses, es que el socio minoritario tiende a ser un socio irrelevante y lo que efectivamente recibe, mas all� de poder nombrar un par de amigos del gobierno en el directorio, no alcanza a compensar lo que sacrifica el estado al renunciar al ingreso monetario. Existen tres modelos posibles para la pol�tica petrolera; tenemos el capitalismo de �estado,� que no es viable cuando el estado tiene deudas pendientes (educaci�n, seguridad y salud) para asegurar la inclusi�n social. El segundo modelo es el capitalismo de �amigos� que es muy perjudicial al pa�s, finalmente tenemos como opci�n recomendable el capitalismo �competitivo�, con reglas claras y parejas para todos y por encima de la discrecionalidad burocr�tica.

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martes, marzo 11, 2008

Alimentos Caros: Perspectivas y oportunidades

por Alieto Aldo Guadagni
(economista invitado)



  • El deterioro de los t�rminos de intercambio
La Depresi�n Mundial de la d�cada del 30 inaugur� un periodo de bajos precios agr�colas. En este contexto Prebisch elabora su teor�a sobre el �deterioro de los t�rminos de intercambio� que implicaba la imposibilidad de que, en un pa�s como Argentina la agroindustria pudiese liderar el crecimiento econ�mico. En esta visi�n se justificaba la imposici�n de retenciones ante cualquier alza de precios internacionales, ya que se pensaba que la misma seria transitoria y estos impuestos servir�an para captar rentas sin afectar las escasas inversiones previstas. En esta concepci�n del comercio internacional las retenciones ten�an la virtud de generar recursos fiscales y contener alzas bruscas de precios de los alimentos sin pagar los costos de menos producci�n. Pero el siglo XXI es distinto al pasado, Estamos en presencia de cambios en los mercados de alimentos que exigen comprensi�n, si es que queremos dise�ar pol�ticas productivas que creen empleo y reduzcan la pobreza. Recordemos que, durante 30 a�os a partir de los setenta, los precios de los alimentos se redujeron mundialmente (70 por ciento en t�rminos reales). Influyeron en esta declinaci�n los subsidios de los pa�ses industrializados. Pero en los �ltimos a�os esta tendencia se revierte dr�sticamente; seg�n The Economist el precio de los alimentos esta hoy en t�rminos reales en su valor mas alto de los �ltimos 160 a�os. La pregunta es si esta tendencia se mantendr�, teniendo en cuenta las amenazas de recesi�n en los Estados Unidos. Responder a este interrogante es esencial para nuestra pol�tica impositiva; si creemos que estas alzas de precios son ef�meras tiene alg�n sentido gravar las exportaciones con retenciones, ya que se trata de capturar rentas transitorias . Pero, si estos precios est�n para quedarse las retenciones son una mala decisi�n, ya que nos impiden responder, v�a aumento en la producci�n y en el empleo agroindustrial, al llamado de los nuevos consumidores mundiales que demandan m�s alimentos.

  • Por qu� sube el precio de los alimentos?
Contestar este interrogante exige considerar factores estructurales que sostienen alto el precio de los alimentos. En primer lugar tenemos un hecho nuevo: el aumento en el nivel de vida de casi 4000 millones de personas en pa�ses emergentes, cuyo crecimiento es la locomotora del crecimiento mundial, particularmente en el Asia-Pacifico, donde gravitan gigantes como India y China. La clave es el mayor consumo de carnes; cuando el �nico crecimiento es el de la poblaci�n aumenta el consumo de cereales, pero cuando aumenta el nivel de vida aumenta el consumo de carnes. El crecimiento econ�mico modifica la dieta, en 1985 cada chino consum�a apenas 20 kilos de carnes por a�o, hoy esta consumiendo mas de 50 kilos. Este aumento en el consumo de carnes impulsa a su vez la demanda de granos, ya que se requieren 3 kilos de granos por cada kilo de cerdo y 8 kilos por cada kilo de carne vacuna. Claro que la demanda china se saciara, pero vendr�n nuevas oleadas de consumidores en otros pa�ses emergentes, donde la gente desea que el progreso se traduzca en una dieta con m�s carnes. En estos pa�ses el consumo directo de cereales apenas ha crecido en los �ltimos 25 a�os, mientras el de carnes ya se ha duplicado. Es esta modificaci�n de la dieta que est� impulsando hacia arriba los precios de los cereales, a pesar que la oferta tambi�n es creciente y la �ltima cosecha mundial ha sido un record absoluto con cerca de 1.700 millones de toneladas. Este es el nuevo factor estructural que explica la novedosa coexistencia de los precios altos con producciones r�cords.

Este escenario alcista se fortalece con el aumento en el precio del petr�leo que estimula la producci�n de biocombustible. Por ejemplo, Estados Unidos, principal exportador de ma�z, dedica hoy m�s de su producci�n al etanol que a la exportaci�n (85 millones de toneladas) cuando en el 2000 apenas dedicaba 15 millones. En los pr�ximos a�os m�s de la tercera parte del ma�z se dedicara en los Estados Unidos a la elaboraci�n de etanol, gozando de subsidios estimados en medio d�lar por litro.

Es as� como la FAO, el a�o pasado, estaba previendo hacia el a�o 2017 el mantenimiento de precios altos para los granos, mientras que el IFPRI estima un alza en el orden del 10 al 20 por ciento. Claro que ahora est� presente la amenaza del enfriamiento de la econom�a mundial, empujada por los malos vientos que est�n soplando en Estados Unidos; pero tenemos que tener cuidado en no confundir fluctuaciones c�clicas de corto plazo (1 o 2 a�os) de la econom�a mundial con los ciclos largos de car�cter estructural que pueden comprender varias d�cadas. Lo que esta ocurriendo hoy con la demanda mundial de alimentos se inscribe en la descripci�n de las ondas largas (de m�s de 50 a�os) que estudiaran Kondratieff y Schumpeter, demostrando que en la fase expansiva de largo plazo de la econom�a mundial las crisis son m�s suaves y las recesiones m�s cortas. El mundo vive hoy una onda larga de crecimiento impulsada por las naciones emergentes con enorme gravitaci�n demogr�fica; el dato nuevo son centenares de millones que anualmente se incorporan al mercado demandando m�s prote�nas animales. Para nosotros ha cambiado el gris escenario internacional, que ven�amos padeciendo desde la Gran Depresi�n de los treinta, cuando empez� la larga era de precios agr�colas en descenso. La cuesti�n es saber si seremos capaces de aprovechar esta oportunidad y no desperdiciarla con pol�ticas err�neas.

Hay 3.000 millones de personas en los pa�ses emergentes que demandan m�s cereales, oleaginosas, carnes, leche, hortalizas, legumbres, frutas, pescados y vinos. Ellos mandan a trav�s de los precios en alza un mensaje muy claro: �necesitamos sus alimentos porque nuestro nivel de vida est� mejorando velozmente�.

  • La gran tentaci�n cortoplacista: las retenciones.
Las retenciones son atractivas ya que impiden el alza del costo de los alimentos en el mercado interno, evitando as� presiones inflacionarias. Adem�s su recaudaci�n es simple, a trav�s de la aduana; son f�ciles de imponer ya que no exigen la aprobaci�n del Congreso y constituyen una tentaci�n para los Secretarios de Hacienda, pues el Tesoro embolsa toda la recaudaci�n sin coparticipar a las Provincias (ni siquiera a las que generan la producci�n). Son pocos los pa�ses que gravan sus exportaciones. Argentina lidera este reducido grupo ya que aplica no s�lo impuestos a sus exportaciones sino que adem�s les impone restricciones cuantitativas. El da�o que causan al crecimiento agroindustrial estas medidas es superior al costo que venimos soportando por los subsidios y el proteccionismo que los pa�ses ricos inventaron despu�s de la Segunda Guerra Mundial, contra el cual hemos bregado por d�cadas.

La abolici�n de las retenciones tendr�a un efecto positivo sobre la inversi�n y la incorporaci�n de m�s tecnolog�a, lo cual redundar�a en m�s producci�n y m�s empleo en la cadena agroindustrial, contribuyendo as� a un crecimiento regional equilibrado. Este proceso de expansi�n impactar�a favorablemente en el largo plazo en la reducci�n de la pobreza ya que la agroindustria podr�a crear 300.000 nuevos empleos.

Sabemos que las retenciones sirven para aislar los precios internacionales de precios internos m�s bajos de alimentos que son esenciales para la poblaci�n. Esto es muy bueno para el bienestar de la gente, especialmente la m�s pobre, el problema es que el costo de lograr este objetivo es alto ya que el pa�s pierde la oportunidad de aprovechar la expansi�n de los mercados internacionales. La pregunta es entonces cu�les son las alternativas que enfrentamos si es que no queremos perder la oportunidad que esta onda larga de crecimiento mundial significa para un pa�s como el nuestro, dotado de recursos naturales de calidad. Comencemos por la alternativa de eliminar las retenciones y dejar que los mercados funcionen; esta propuesta no es viable por dos razones. En primer lugar aparecer�a un agujero fiscal, insostenible en un pa�s endeudado como el nuestro; adem�s, el impacto inmediato del alza del precio de los alimentos implicar�a que m�s de un mill�n de compatriotas cruzar�an la l�nea de la pobreza.

Consideremos entonces la segunda alternativa aceptando la eliminaci�n de las retenciones (incluso gradual con un cronograma fijado). La brecha fiscal ha sido evaluada por Julio Nogues y Alberto Porto, quienes estiman que �v�a aumentos de producci�n y ganancias- podr�a llegar a recuperarse hasta el 73 por ciento de la p�rdida de recaudaci�n por eliminaci�n de las retenciones. Estos autores tambi�n cuantifican la recaudaci�n adicional de un impuesto a la tierra que refleje su valorizaci�n asociada con el alza del precio de los alimentos. Lo interesante es observar que existe margen para cubrir sin problemas el faltante de recaudaci�n. Esta propuesta tributaria tiene adem�s una ventaja comparada con la situaci�n actual con retenciones que no se coparticipan a las provincias, ya que la nueva recaudaci�n nacional seria coparticipable, mientras que impuestos a la tierra deber�an ser provinciales retribuyendo as� a las regiones que est�n creando la nueva riqueza.

Pero no basta con asegurar la ecuaci�n fiscal, ya que la eliminaci�n de las retenciones tendr�a un inmediato impacto alcista en el precio de los alimentos. Por esta raz�n no existir� viabilidad pol�tica para esta propuesta sino se protege al segmento m�s pobre de la poblaci�n. Existen muchas formas de establecer subsidios focalizados a estos consumidores que deben ser protegidos. Los subsidios focalizados correctamente tienen la gran virtud de asegurar la cohesi�n social, sin pagar el costo del desaliento a la expansi�n productiva causado por pol�ticas de subsidios indiscriminados a toda la oferta interna de alimentos.

  • Una propuesta para nuestro futuro.
Aplicar retenciones a las exportaciones en esta fase expansiva del mercado globalizado de alimentos impide la plena utilizaci�n de nuestro potencial, ya que aun necesitamos m�s inversi�n y m�s tecnolog�a en todos los eslabones de la cadena agroindustrial. Por ello es recomendable la eliminaci�n gradual de estos impuestos, comenzando con las producciones regionales (arroz, frutas, legumbres, te, yerba, vinos, az�car y tabaco). El tema fiscal es manejable, ya que aumentar�a la recaudaci�n de impuestos asociados con el incremento de producci�n y las mayores ganancias, cubri�ndose as� por lo menos el 70 por ciento de la recaudaci�n perdida por eliminaci�n de las retenciones. El incremento en el costo interno de los alimentos exigir� la implementaci�n de subsidios focalizados a las familias de bajos ingresos. La brecha fiscal remanente deber�a ser cubierta con un razonable impuesto a la tierra administrado por las provincias y que reconozca la valorizaci�n reciente. Este impuesto es equitativo y no desalienta ni la producci�n ni la inversi�n, como las retenciones. El mundo est� cambiando, quiere m�s y mejores alimentos y nosotros podemos producirlos, preservando el bienestar de los sectores humildes. No hay antagonismo entre inclusi�n social y eficiencia econ�mica.

Es urgente definir una nueva estrategia de inserci�n internacional de Argentina en un mundo �vido de alimentos, como hace nuestro socio Brasil. Es posible aprovechar esta onda larga de demanda internacional y al mismo tiempo reducir la pobreza. Lo que se requiere es entender lo que est� pasando en los mercados globales y estar dispuesto a implementar pol�ticas fiscales y sociales que no desalienten la producci�n y sean al mismo tiempo equitativas. Es hora de escuchar el mensaje del mundo emergente que demanda m�s y mejores alimentos. Si actuamos con inteligencia podremos as� reducir dr�sticamente nuestra pobreza.

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martes, febrero 12, 2008

La coparticipaci�n federal de impuestos: La gran asignatura aun pendiente

por Alieto Aldo Guadagni
(economista invitado)


1) EL PACTO FISCAL PENDIENTE

Hace tiempo que se viene hablando de la necesidad de acordar un pacto social, concepto interesante y que admite varias interpretaciones seg�n nos indica la experiencia internacional y nuestra propia historia. Pero poco se habla y mucho menos se discute sobre el gran �pacto fiscal� aun pendiente que significa cumplir con lo dispuesto por nuestra Constituci�n Nacional, que en su articulo 75 establece que corresponde al Congreso Nacional aprobar una ley convenio, sobre la base de acuerdos entre la Naci�n y las provincias, que asegure �a las provincias la automaticidad en las remesas de los impuestos coparticipados�. Adem�s, la Constituci�n indica que �sta distribuci�n deber� ser equitativa, solidaria y procurar la �igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional�. Cumplir este preciso mandato constitucional exige un gran esfuerzo de concertaci�n, es decir un acuerdo fundacional que involucre a todas las provincias y a la Naci�n; no exageramos si decimos que este acuerdo fiscal es la �madre de todos los pactos sociales o pol�ticos� que se pueden plantear en nuestro pa�s.

2) FEDERALES Y UNITARIOS. CONFLICTO POR LAS RENTAS FISCALES

La disputa por la apropiaci�n de las rentas fiscales, particularmente las generadas por la aduana de Buenos Aires, es una de las claves para entender los enfrentamientos entre federales y unitarios previos a la Organizaci�n Nacional de la segunda mitad del siglo XIX.

La coparticipaci�n federal de los impuestos nacionales entre la Naci�n y las Provincias reci�n se estableci� en 1935 despu�s que la Naci�n creara nuevos impuestos directos como el entonces denominado impuesto a los r�ditos. Este r�gimen fue sometido a revisi�n en distintos momentos; en 1973 se aprueba la Ley 20.221 que unifica los diversos sistemas vigentes y se establece para la distribuci�n entre provincias un m�todo expl�cito, basado en el principio de posibilitar la igualdad de trato �en cuanto a la provisi�n de servicios provinciales� de todos los habitantes del pa�s.

Durante el trienio de la administraci�n justicialista de la Naci�n (1973/75) se incrementa la coparticipaci�n autom�tica a favor de las provincias, alcanzando durante 1975 al 52,4 por ciento de la recaudaci�n total de impuestos nacionales. En los a�os del Proceso instalado en 1976 se reduce fuertemente esta participaci�n provincial que hacia 1982 se ubica en apenas el 32 por ciento. Como la entonces vigente ley de coparticipaci�n caduc� a fines de 1984, el pa�s careci� de una ley especifica durante el trienio 1985/1987; a fines de 1987 Antonio Cafiero es electo gobernador de Buenos Aires e inmediatamente encara negociaciones con el Presidente Alfonsin a fin de aprobar una nueva ley, es as� como en enero de 1988 se sanciona la Ley 23.548, de car�cter transitorio ya que su vigencia estuvo limitada a tres a�os. Esta ley estableci� que del total de recursos nacionales recaudados el 42,34% ser�a retenido por el gobierno nacional y el 57,66% ir�a a las provincias (56,66 por ciento de manera autom�tica y uno por ciento como aportes del Tesoro). Este nivel de coparticipaci�n provincial hab�a sido el reclamado por las provincias gobernadas por el justicialismo en 1986 y constituye el m�ximo valor hist�rico.

La Constituci�n Nacional de 1994 estableci� en su articulo 75 que corresponde al Congreso Nacional aprobar una ley que asegure a las provincias �la automaticidad en las remesas de los impuestos coparticipados�, la Constituci�n es clara ya que establece que la distribuci�n entre la Naci�n y las provincias �...contemplar� criterios objetivos de reparto; ser� equitativa, solidaria y dar� prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional�. Este importante mandato constitucional est� aun incumplido y as� se puede explicar la actual concentraci�n de los recursos en manos del Tesoro Nacional en desmedro de la totalidad de las provincias. Destaquemos que hoy se transfiere autom�ticamente a favor de las provincias apenas el 27% de la recaudaci�n nacional, o sea el valor mas bajo de los �ltimos cincuenta a�os.

Si bien es cierto que la Naci�n realiza transferencias adicionales de fondos a las provincias, estas no est�n sujetas a normas objetivas que determinen cual debe ser esta distribuci�n. No existen reglas, sino decisiones discrecionales que debilitan seriamente la autonom�a pol�tica de los gobiernos provinciales. Por esta raz�n en la reciente campa�a electoral por la gobernaci�n de Buenos Aires se sosten�a que �la Provincia necesita un Gobernador y no un delegado del Poder Ejecutivo Nacional�. Sin un adecuado r�gimen de coparticipaci�n autom�tica de fondos a favor de las provincias el federalismo se convierte en una ficci�n ut�pica, por la clara dependencia de los gobiernos provinciales de la Casa Rosada.

3) LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES; LA GRAN PERJUDICADA.

Esta exagerada concentraci�n unitaria de la recaudaci�n tributaria perjudica obviamente a todas las provincias, pero particularmente a Buenos Aires que ha sido tradicionalmente percibida como una provincia �rica�. Recordemos las evidencias se�aladas por Alejandro Bunge en su obra �La nueva Argentina� para darnos cuenta de la abrumadora diferencia entre Buenos Aires y el resto de las provincias hacia fines de la d�cada del 30. Pero desde entonces la realidad se ha modificado negativamente para Buenos Aires, que hoy aloja en el conurbano 10 millones de habitantes con dram�ticos cuadros de miseria y marginaci�n social. Esta provincia alberga casi el 40 por ciento de la poblaci�n y de la pobreza total del pa�s, registra elevados �ndices de inseguridad y de carencia de servicios b�sicos como agua potable y cloacas; adem�s aporta m�s del 35 por ciento del PBI nacional. Sin embargo, apenas recibe el 20 por ciento de los menguados fondos coparticipados; la inequidad que perjudica a Buenos Aires es evidente cuando se observa que la coparticipaci�n per capita de los bonaerenses es apenas la mitad de la coparticipaci�n per capita de Santa F� y C�rdoba � la cuarta parte del promedio correspondiente al resto de las provincias. Esta notoria desigualdad obliga a Buenos Aires a maximizar su presi�n tributaria; los bonaerenses pagan impuestos provinciales para cubrir casi la mitad del presupuesto de su provincia, mientras que el promedio del resto de las provincias indica una contribuci�n de apenas el 15 por ciento a sus gastos propios.

4) SEGURIDAD Y COPARTICIPACI�N

Lo que significa la ausencia de una equitativa coparticipaci�n se puede ilustrar con un ejemplo. Si el lector es bonaerense seguramente estar� seriamente preocupado por la inseguridad reinante en Buenos Aires, ya sea en el conurbano o en el interior. La verdad es que Buenos Aires no tiene adecuada protecci�n policial, apenas un polic�a cada 640 hect�reas de territorio o algo mas de 3 polic�as cada 1000 habitantes. Se�alemos que la ciudad de Buenos Aires cuenta con 5 polic�as cada 1000 habitantes, es decir casi 60 por ciento m�s, (esta comparaci�n es valida tambi�n para las cifras promedio del resto de las provincias). Qu� tiene que ver esto con la inequidad en la distribuci�n de los fondos federales? En la provincia de Buenos Aires vive casi el 40 por ciento de la poblaci�n total del pa�s, sin embargo apenas cuenta con algo m�s del 20 por ciento del total de efectivos policiales del pa�s afectados a la protecci�n territorial. No es ninguna coincidencia casual que esta menguada participaci�n en los efectivos policiales sea pr�cticamente la misma que la participaci�n de Buenos Aires en la coparticipaci�n. Por esta raz�n debemos ser realistas y reconocer que el d�ficit de seguridad bonaerense dif�cilmente ser� superado sin un adecuado r�gimen de distribuci�n autom�tica de recursos fiscales.

5) HACIA UNA NUEVA LEY DE COPARTICIPACI�N FEDERAL DE IMPUESTOS.

Es evidente que el pa�s necesita urgentemente una ley de coparticipaci�n federal de impuestos, que promueva la igualdad de oportunidades entre todos los argentinos, incentive los esfuerzos de las provincias por preservar su propio capital humano y tambi�n estimule su propio esfuerzo movilizando equitativamente la capacidad tributaria. Esta nueva ley convenio entre la Naci�n y las Provincias, siguiendo el mandato de la Constituci�n, deber�a contemplar cuatro criterios b�sicos para definir los coeficientes aplicables a la distribuci�n de la coparticipaci�n entre las provincias y la ciudad Aut�noma de Buenos Aires: (1) aporte provincial a la recaudaci�n tributaria nacional, (2) nivel de pobreza imperante en la provincia, (3) esfuerzo provincial para mejorar los �ndices educativos, sanitarios y de inclusi�n social, (4) progresos efectivos en el esfuerzo local por el autofinanciamiento presupuestario. Desde ya que estos cuatro criterios deber�an aplicarse �nicamente a los fondos incrementales futuros de la recaudaci�n nacional de impuestos, de manera tal que el nuevo r�gimen no implique disminuciones en los ingresos de ninguna provincia. En cuanto a la magnitud de la distribuci�n primaria entre Naci�n y Provincias, el nivel deber�a estar de acorde con las cifras vigentes en el pasado cuando rigieron leyes de coparticipaci�n autom�tica de fondos que buscaron fortalecer el federalismo y la efectiva autonom�a financiera de las provincias.

La asunci�n de la nueva Presidenta Cristina Fern�ndez de Kirchner abre un nuevo espacio a la oportunidad de cumplir de una vez por todas con el mandato aun pendiente del articulo 75 de la Constituci�n. Se�alemos que en la tradici�n de Mitre, Sarmiento e Irigoyen y m�s recientemente de Ra�l Alfonsin, asumi� la Presidencia de la Nacion por el voto de la ciudadan�a alguien que hab�a sido previamente honrado por la provincia de Buenos Aires con un cargo ejecutivo o legislativo. El pa�s necesita urgentemente una ley de coparticipaci�n federal de impuestos, que promueva la igualdad de oportunidades entre todos los argentinos, incentive los esfuerzos de las provincias por cuidar su capital humano (salud y educaci�n) y tambi�n estimule su propio esfuerzo tributario. No nos olvidemos que nuestra Constituci�n expresa �La Naci�n Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal�.

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jueves, agosto 09, 2007

La Triple Tenaza Energ�tica



"La Triple Tenaza Energ�tica"
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Por Alieto Aldo Guadagni
(economista invitado)

Estamos transitando aceleradamente de una etapa de nuestra actividad econ�mica caracterizada por energ�a abundante, barata y exportada a otra etapa signada por la escasez, el alto costo y las importaciones. Esta es la triple tenaza energ�tica, t�rmino con el cual encabezamos esta nota.

Este tr�nsito tendr� un impacto en el nivel de precios internos de la energ�a. Recordemos que nuestros pa�ses vecinos (importadores de petr�leo) tienen precios de sus combustibles que duplican los nuestros. Al perder el autoabastecimiento ser�a muy dif�cil divorciar nuestros precios de los externos, cosa que se logra hoy gracias a las retenciones a las exportaciones de petr�leo.

Este tr�nsito de la exportaci�n a la importaci�n afectar� el proceso inflacionario y la competitividad de muchas actividades productivas. Desde ya que alzas importantes en los combustibles afectar�n tambi�n los costos de la electricidad.

Finalmente, si el sector energ�a que vino aportando nada menos que la mitad del super�vit comercial se convierte en deficitario, habr� una merma de importancia en el super�vit comercial total y tambi�n en el super�vit fiscal, por la desaparici�n de las retenciones y los eventuales subsidios a las nuevas importaciones energ�ticas, si se pretende morigerar el alza de los precios internos.

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jueves, mayo 03, 2007

Informe Especial N� 372

"El An�lisis Econ�mico del Cambio Clim�tico".
Por Alieto Aldo Guadagni
(economista Invitado)
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Es cierto que existe un costo para crecer siendo "verdes", sin embargo, no asumirlos hoy puede acarriar costos a futuro muy superiores a enfrentar los problemas hoy. En este informe, Alieto Guadagni (economista invitado) nos ofrece sus reflexiones a partir del Informe Stern (Reino Unido, 2006).

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viernes, marzo 23, 2007

La Recaudaci�n del IVA es un Buen Indicador de la Verdadera Inflaci�n

Por Carlos E. Bonvecchi.
Economista Invitado
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"Ning�n pueblo cree en su gobierno.
A lo sumo, los pueblos est�n resignados."
Octavio Paz

Aunque las nuevas autoridades del INDEC no han informado sobre la naturaleza y las caracter�sticas de las modificaciones que se introdujeron a partir de enero del corriente a�o en la metodolog�a de c�lculo del �ndice de precios al consumidor, tampoco se han ocupado en desmentir cada uno de los cambios que, seg�n los medios especializados, fueron aplicados. Modificaciones que est�n re�idas con los protocolos y los procedimientos de recolecci�n y c�lculo de los precios que habitualmente son aplicados en casi todos los pa�ses del mundo.

Las razones que habr�an llevado a las autoridades a proceder de semejante manera han dado origen a variadas especulaciones por parte de los analistas, abriendo un abanico de explicaciones que arranca por la m�s obvia (desactivar expectativas negativas sobre el comportamiento futuro de los precios, que podr�an da�ar la imagen del gobierno en un a�o electoral); pasando por la necesidad de moderar los reclamos por recomposiciones salariales que podr�an agudizar la actual puja distributiva; para finalizar con la necesidad de acotar el crecimiento de la carga de intereses y amortizaciones de la deuda p�blica indexada.

Sin embargo, y ateni�ndose solamente a estas tres posibles explicaciones, el proceder de las autoridades dif�cilmente logre alcanzar, de manera cabal, sus objetivos. En primer lugar, es cada vez m�s evidente para el conjunto de la sociedad que no existe ninguna correlaci�n v�lida entre la variaci�n oficial informada de los precios, y la "sensaci�n t�rmica" que tienen los consumidores. En efecto, una reciente encuesta realizada por el Centro de Investigaci�n en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella entre el 28 de febrero y el 8 de marzo (esto es, poco despu�s de los oscuros acontecimientos que envolvieron al INDEC) muestra que el ritmo de inflaci�n percibido por la gente es entre un 50% y 60% mayor al calculado por el "intervenido" INDEC; es decir, 15% a 16% anual frente al 10% estimado de manera oficial.

En segundo lugar, porque la demanda de recomposici�n salarial no se limita a recuperar la inflaci�n pasada o a incorporar la proyectada oficialmente sino que, adem�s, incluye un ingrediente asociado al objetivo de mantener invariable la ponderaci�n de los salarios en el PBI. De ah�, entonces, que los sindicalistas adicionen a sus peticiones vinculadas con la inflaci�n el ritmo esperado de aumento del producto. En ese marco, si a ello se le suma, tambi�n, el incremento esperado en el empleo asalariado, entonces se alcanzar� el objetivo de aumentar la participaci�n de los asalariados en el ingreso. Es por estas razones que las demandas salariales de los principales sindicatos no son menores al 20% (lo cual implica una tasa de inflaci�n superior a la proyectada por el gobierno); que incluyen adem�s el beneficio, para los salarios m�s altos, de la reducci�n del m�nimo no imponible del impuesto a las ganancias para las personas f�sicas y, finalmente, que se incorporan en casi todas las negociaciones salariales cl�usulas gatillo (no porque se est� esperando una disparada de los precios, aspecto al que la citada encuesta le asigna una baja probabilidad), sino por la desconfianza que generan las nuevas mediciones oficiales).

Finalmente, estas maniobras tampoco enga�an a los tenedores de los bonos indexados, cuyos precios fueron r�pidamente castigados por los mercados cuando se conoci� la burda manipulaci�n de los �ndices. No obstante, los t�tulos mantendr�n su atractivo, porque a pesar de que la correcci�n por precios no sea la "verdadera", sigue siendo una de las m�s altas del mundo emergente. A ello cabe agregar un marco de estabilidad o reducida variabilidad esperada en el tipo de cambio nominal, y la posibilidad de tomar cr�dito en el exterior a tasas muy reducidas. En esas condiciones, es posible obtener importantes ganancias financieras. No obstante, ya existen presentaciones legales por parte de inversores en t�tulos indexados reclamando protecci�n por lo que presumen puede constituirse en una posible estafa.

�Es tan importante la diferencia entre la tasa de inflaci�n oficial y la "verdadera"? La pregunta es pertinente, porque si se tratara de una discrepancia poco significativa, no s�lo ser�a absurdo ocupar el tiempo en especular acerca de cu�les ser�an las razones que llevaron al gobierno a este proceder sino que, adem�s, se hace dif�cil pensar que las autoridades se hubieran embarcado en una maniobra que, sin duda, tiene costos en t�rminos pol�ticos y da�a la imagen de credibilidad sobre el accionar gubernamental. Surge, entonces, el interrogante m�s temido: �cu�l es la verdadera tasa de inflaci�n?

Tratar de estimarla a partir de un agrupamiento diferente de los precios incluidos en el IPC, o excluyendo rubros cuya estacionalidad o volatilidad suele ser importante, o �tems que el gobierno determina de manera directa o indirecta y, por tanto, limitarse a considerar s�lo los bienes y servicios restantes (la llamada inflaci�n n�cleo), no conducir�a a variaciones demasiado diferentes a las conocidas oficialmente, ya que la p�rdida de credibilidad sobre los valores imputados para estimar el nivel del �ndice se ha generalizado a la mayor�a de los bienes y servicios m�s significativos.

Se ha sugerido, entonces, considerar como un reflejo m�s certero de la tasa de inflaci�n a la que surge del c�lculo de los precios impl�citos en el PBI. En tal sentido, se observa que a partir del primer trimestre del 2006, la variaci�n trimestral interanual del IPI ha arrojado valores superiores, en el orden de los 2.3 a 2.8 puntos porcentuales, a los estimados a partir del IPC; por ejemplo, en el �ltimo trimestre de 2006 el IPI arroj� una variaci�n interanual del 12.8% frente al 10.1% registrado en el IPC. Sin embargo, esta medici�n presenta, como m�nimo, tres inconvenientes.

El primero, que la canasta de bienes y servicios considerada en el IPI es mucho m�s amplia que la utilizada para la confecci�n del IPC rest�ndole, en consecuencia, validez comparativa. Tal es as� que, desde el a�o 2003, pueden observarse trimestres en los cuales la variaci�n interanual del IPI fue inferior a la registrada en el IPC. El segundo, que la f�rmula de c�lculo de los �ndices es diferente: el IPI es un �ndice Paasche (ponderaciones m�viles), y el IPC es un �ndice Laspeyres (ponderaciones fijas). El tercero, que las estimaciones de precios impl�citos son de car�cter trimestral lo que reduce, por lo tanto, su utilidad como indicador para seguir, en el corto plazo, la evoluci�n de los precios. Por lo dem�s, si se considera s�lo al IPI correspondiente al consumo privado, se observa que durante el a�o anterior, la variaci�n interanual trimestral fue, excepto el primer trimestre, inferior a la del IPC.

Tambi�n se ha sugerido hacer uso de las variaciones registradas en la recaudaci�n del IVA y en el Estimador Mensual de Actividad Econ�mica (EMAE). La idea que subyace es la siguiente: la informaci�n sobre la recaudaci�n del IVA incluye como m�nimo, en forma mensual, los cambios en dos de los factores que explican m�s significativamente sus variaciones(1): las cantidades transadas y los precios pagados por las mismas. Por lo tanto, si a la variaci�n experimentada en la recaudaci�n del IVA, se le deduce la variaci�n registrada en el EMAE, la tasa de variaci�n remanente corresponder�a, gruesamente, a la de los precios y algo m�s. Dado que en los �ltimos a�os no se han producido cambios significativos en la legislaci�n tributaria sobre el IVA, como tampoco en las normas de liquidaci�n e ingreso del impuesto(2), la variaci�n remanente incorpora, centralmente, los cambios en los precios y en las cantidades y en el grado de cumplimiento de la obligaci�n tributaria.

Al respecto, cabe destacar que en una fase expansiva del ciclo econ�mico como la actual, los niveles de morosidad tienden a disminuir y, por lo tanto, la recaudaci�n a incrementarse. En cambio, la reducci�n en los niveles de evasi�n registrados, derivada de las indudables mejoras alcanzadas durante los �ltimos a�os en la administraci�n tributaria, no se mantiene o aumenta, de manera necesaria, con la continuidad de la fase ascendente del ciclo. En tal sentido, los especialistas tributarios coinciden en que dos puntos porcentuales por a�o de aumento de la recaudaci�n del IVA pueden ser adjudicados a estos factores.

En principio, esta idea presenta la ventaja que se trata de dos indicadores que se elaboran con frecuencia mensual, y que al estar el IVA generalizado a casi la totalidad de los bienes y servicios de la econom�a, impl�citamente representa una canasta de consumo m�s parecida a la del IPC. Presenta, en cambio, el inconveniente que los bienes y servicios utilizados para la estimaci�n del EMAE constituyen un conjunto m�s reducido que el incluido en la canasta del IPC. Pero en ausencia de una mejor y r�pida alternativa de c�lculo, y sin ignorar las limitaciones que los hechos se�alados implican, se ha intentado una estimaci�n de la inflaci�n "verdadera" a partir de estos elementos.

La recaudaci�n del IVA tiene dos componentes: el IVA-DGI y el IVA-ADUANA. El primero corresponde a lo ingresado en concepto de la actividad econ�mica interna, mientras que el segundo a lo abonado por las importaciones, ya sean estas de bienes de capital, intermedios, de consumo durable o de consumo no durable. Dado que no se cuenta, en esta ocasi�n, con la informaci�n de recaudaci�n correspondiente a estas dos �ltimas categor�as de bienes se ha optado por considerar, a los fines de la estimaci�n de la "verdadera" tasa de inflaci�n, s�lo a la recaudaci�n del IVA-DGI (3) .

A su vez, la recaudaci�n neta del IVA se ve afectada, entre otros conceptos, por el valor de las devoluciones y por los reintegros a las exportaciones. En el caso de las primeras, cabe tener en cuenta, por ejemplo, la devoluci�n parcial por las compras realizadas con tarjeta de d�bito y de cr�dito, los saldos a favor de los contribuyentes en virtud de reg�menes especiales de promoci�n o exenci�n, o errores en las liquidaciones, por citar a las m�s frecuentes. Dado que esas devoluciones se corresponden con hechos imponibles generados internamente, se entiende que a los fines de esta estimaci�n de la "verdadera" tasa de inflaci�n, la recaudaci�n a ser considerada es la bruta.

En el caso de las ventas al exterior, el r�gimen del impuesto al valor agregado las exime, permitiendo el recupero del valor del tributo abonado en la compra de bienes y servicios destinados a esas mismas exportaciones. En consecuencia, cuanto mayor sea el peso de las ventas al exterior en las ventas totales, mayor deber�a ser el valor de los reintegros. Dado que no se cuenta, para esta ocasi�n, con la informaci�n adecuada sobre reintegros, se ha optado por excluirlas del c�lculo de la "verdadera" tasa de inflaci�n(4).

Uno de los c�lculos realizados compara el promedio de los dos primeros meses de los �ltimos tres a�os. Se observa, en este caso, que la tasa de inflaci�n del IPC fue, en el 2006, muy similar a la impl�cita a trav�s de la recaudaci�n del IVA y el EMAE (11.8% versus 10.8%). Sin embargo, mientras el IPC muestra en el primer bimestre de este a�o una reducci�n en la tasa de inflaci�n (9.6%), la estimaci�n de la tasa "verdadera" exhibe no s�lo un valor superior al a�o anterior sino, adem�s, sustantivamente m�s alto que el del IPC (24.7%).

Sin embargo, considerar s�lo un bimestre puede introducir importantes distorsiones. Para evitar ese inconveniente, se hizo la estimaci�n para los doce meses comprendidos entre los meses de marzo de un a�o a febrero del siguiente. En este caso, el IPC mantiene un valor similar para los dos �ltimos a�os (10.3% y 10.5%), mientras que la tasa de inflaci�n impl�cita pasa de un 8% anual a un 20.1% por a�o. Esto es, duplica la registrada a partir del IPC.

Por �ltimo se calcul� el promedio m�vil de 12 meses comenzando con el a�o 2002. En este caso se observa, por un lado, que desde mediados de 2005 mientras la tasa de inflaci�n registrada por el IPC muestra una tendencia decreciente, la impl�cita calculada a trav�s del IVA y el EMAE exhibe el comportamiento opuesto. Por el otro lado, para los doce meses comprendidos entre marzo de 2006 y febrero de 2007, el IPC muestra una variaci�n anual del 10.7% y la tasa de inflaci�n "verdadera" arroja un valor del 19.5%.

En s�ntesis, m�s all� de las imperfecciones que esta estimaci�n puede arrastrar, dos cuestiones parecen evidentes: en primer lugar, que en lugar de que la tasa de inflaci�n tienda a disminuir, las evidencias muestran una aceleraci�n. En segundo lugar, que la discrepancia entre el IPC y la estimaci�n impl�cita es creciente y duplica al c�lculo oficial.
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Carlos E. Bonvecchi
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(1) Las variaciones en la recaudaci�n del IVA recogen no s�lo los cambios producidos en las cantidades y precios sino, tambi�n, las modificaciones registradas en los niveles de mora y evasi�n, en la legislaci�n tributaria y en las normas de liquidaci�n y percepci�n del tributo. Asimismo, son sensibles a la variaci�n en el n�mero de d�as h�biles mensuales, como respecto de la incorporaci�n de un n�mero mayor de contribuyentes.
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(2) La recaudaci�n del IVA de un mes corresponde a los hechos imponibles generados el mes anterior. A pesar de ello, las estimaciones sobre la "verdadera" tasa de inflaci�n no difieren mayormente, si los datos se computan a trav�s de las series originales o desfasadas. Lo mismo se observa en el caso de las series desestacionalizadas.
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(3) Aunque la canasta del IPC no incluye bienes intermedios y de capital, la exclusi�n de la recaudaci�n del IVA-ADUANA por los bienes de consumo importados subestima el valor total de los ingresos que deber�an considerarse. Esta subestimaci�n ser� mayor en la medida que estas importaciones crezcan m�s r�pido que las cantidades producidas internamente, que los precios de los bienes importados aumenten m�s que los internos, que el tipo de cambio nominal var�e m�s que los precios locales.
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(4) En suma, por el lado de las importaciones se estar�a subestimando la recaudaci�n del IVA que deber�a ser considerada. En cambio, en el caso de las exportaciones, se la estar�a sobrestimando. La no incorporaci�n de ambos datos (IVA-ADUANA y reintegros) significa, impl�citamente, que se asume una suerte de compensaci�n entre ambos (aunque el valor de las exportaciones es mayor que el de las importaciones, la al�cuota del IVA abonada es superior al reintegro promedio).

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