Por Carlos E. Bonvecchi.
Economista Invitado
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"Ning�n pueblo cree en su gobierno.
A lo sumo, los pueblos est�n resignados."
Octavio Paz
Aunque las nuevas autoridades del INDEC no han informado sobre la naturaleza y las caracter�sticas de las modificaciones que se introdujeron a partir de enero del corriente a�o en la metodolog�a de c�lculo del �ndice de precios al consumidor, tampoco se han ocupado en desmentir cada uno de los cambios que, seg�n los medios especializados, fueron aplicados. Modificaciones que est�n re�idas con los protocolos y los procedimientos de recolecci�n y c�lculo de los precios que habitualmente son aplicados en casi todos los pa�ses del mundo.
Las razones que habr�an llevado a las autoridades a proceder de semejante manera han dado origen a variadas especulaciones por parte de los analistas, abriendo un abanico de explicaciones que arranca por la m�s obvia (desactivar expectativas negativas sobre el comportamiento futuro de los precios, que podr�an da�ar la imagen del gobierno en un a�o electoral); pasando por la necesidad de moderar los reclamos por recomposiciones salariales que podr�an agudizar la actual puja distributiva; para finalizar con la necesidad de acotar el crecimiento de la carga de intereses y amortizaciones de la deuda p�blica indexada.
Sin embargo, y ateni�ndose solamente a estas tres posibles explicaciones, el proceder de las autoridades dif�cilmente logre alcanzar, de manera cabal, sus objetivos. En primer lugar, es cada vez m�s evidente para el conjunto de la sociedad que no existe ninguna correlaci�n v�lida entre la variaci�n oficial informada de los precios, y la "sensaci�n t�rmica" que tienen los consumidores. En efecto, una reciente encuesta realizada por el Centro de Investigaci�n en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella entre el 28 de febrero y el 8 de marzo (esto es, poco despu�s de los oscuros acontecimientos que envolvieron al INDEC) muestra que el ritmo de inflaci�n percibido por la gente es entre un 50% y 60% mayor al calculado por el "intervenido" INDEC; es decir, 15% a 16% anual frente al 10% estimado de manera oficial.
En segundo lugar, porque la demanda de recomposici�n salarial no se limita a recuperar la inflaci�n pasada o a incorporar la proyectada oficialmente sino que, adem�s, incluye un ingrediente asociado al objetivo de mantener invariable la ponderaci�n de los salarios en el PBI. De ah�, entonces, que los sindicalistas adicionen a sus peticiones vinculadas con la inflaci�n el ritmo esperado de aumento del producto. En ese marco, si a ello se le suma, tambi�n, el incremento esperado en el empleo asalariado, entonces se alcanzar� el objetivo de aumentar la participaci�n de los asalariados en el ingreso. Es por estas razones que las demandas salariales de los principales sindicatos no son menores al 20% (lo cual implica una tasa de inflaci�n superior a la proyectada por el gobierno); que incluyen adem�s el beneficio, para los salarios m�s altos, de la reducci�n del m�nimo no imponible del impuesto a las ganancias para las personas f�sicas y, finalmente, que se incorporan en casi todas las negociaciones salariales cl�usulas gatillo (no porque se est� esperando una disparada de los precios, aspecto al que la citada encuesta le asigna una baja probabilidad), sino por la desconfianza que generan las nuevas mediciones oficiales).
Finalmente, estas maniobras tampoco enga�an a los tenedores de los bonos indexados, cuyos precios fueron r�pidamente castigados por los mercados cuando se conoci� la burda manipulaci�n de los �ndices. No obstante, los t�tulos mantendr�n su atractivo, porque a pesar de que la correcci�n por precios no sea la "verdadera", sigue siendo una de las m�s altas del mundo emergente. A ello cabe agregar un marco de estabilidad o reducida variabilidad esperada en el tipo de cambio nominal, y la posibilidad de tomar cr�dito en el exterior a tasas muy reducidas. En esas condiciones, es posible obtener importantes ganancias financieras. No obstante, ya existen presentaciones legales por parte de inversores en t�tulos indexados reclamando protecci�n por lo que presumen puede constituirse en una posible estafa.
�Es tan importante la diferencia entre la tasa de inflaci�n oficial y la "verdadera"? La pregunta es pertinente, porque si se tratara de una discrepancia poco significativa, no s�lo ser�a absurdo ocupar el tiempo en especular acerca de cu�les ser�an las razones que llevaron al gobierno a este proceder sino que, adem�s, se hace dif�cil pensar que las autoridades se hubieran embarcado en una maniobra que, sin duda, tiene costos en t�rminos pol�ticos y da�a la imagen de credibilidad sobre el accionar gubernamental. Surge, entonces, el interrogante m�s temido: �cu�l es la verdadera tasa de inflaci�n?
Tratar de estimarla a partir de un agrupamiento diferente de los precios incluidos en el IPC, o excluyendo rubros cuya estacionalidad o volatilidad suele ser importante, o �tems que el gobierno determina de manera directa o indirecta y, por tanto, limitarse a considerar s�lo los bienes y servicios restantes (la llamada inflaci�n n�cleo), no conducir�a a variaciones demasiado diferentes a las conocidas oficialmente, ya que la p�rdida de credibilidad sobre los valores imputados para estimar el nivel del �ndice se ha generalizado a la mayor�a de los bienes y servicios m�s significativos.
Se ha sugerido, entonces, considerar como un reflejo m�s certero de la tasa de inflaci�n a la que surge del c�lculo de los precios impl�citos en el PBI. En tal sentido, se observa que a partir del primer trimestre del 2006, la variaci�n trimestral interanual del IPI ha arrojado valores superiores, en el orden de los 2.3 a 2.8 puntos porcentuales, a los estimados a partir del IPC; por ejemplo, en el �ltimo trimestre de 2006 el IPI arroj� una variaci�n interanual del 12.8% frente al 10.1% registrado en el IPC. Sin embargo, esta medici�n presenta, como m�nimo, tres inconvenientes.
El primero, que la canasta de bienes y servicios considerada en el IPI es mucho m�s amplia que la utilizada para la confecci�n del IPC rest�ndole, en consecuencia, validez comparativa. Tal es as� que, desde el a�o 2003, pueden observarse trimestres en los cuales la variaci�n interanual del IPI fue inferior a la registrada en el IPC. El segundo, que la f�rmula de c�lculo de los �ndices es diferente: el IPI es un �ndice Paasche (ponderaciones m�viles), y el IPC es un �ndice Laspeyres (ponderaciones fijas). El tercero, que las estimaciones de precios impl�citos son de car�cter trimestral lo que reduce, por lo tanto, su utilidad como indicador para seguir, en el corto plazo, la evoluci�n de los precios. Por lo dem�s, si se considera s�lo al IPI correspondiente al consumo privado, se observa que durante el a�o anterior, la variaci�n interanual trimestral fue, excepto el primer trimestre, inferior a la del IPC.
Tambi�n se ha sugerido hacer uso de las variaciones registradas en la recaudaci�n del IVA y en el Estimador Mensual de Actividad Econ�mica (EMAE). La idea que subyace es la siguiente: la informaci�n sobre la recaudaci�n del IVA incluye como m�nimo, en forma mensual, los cambios en dos de los factores que explican m�s significativamente sus variaciones(1): las cantidades transadas y los precios pagados por las mismas. Por lo tanto, si a la variaci�n experimentada en la recaudaci�n del IVA, se le deduce la variaci�n registrada en el EMAE, la tasa de variaci�n remanente corresponder�a, gruesamente, a la de los precios y algo m�s. Dado que en los �ltimos a�os no se han producido cambios significativos en la legislaci�n tributaria sobre el IVA, como tampoco en las normas de liquidaci�n e ingreso del impuesto(2), la variaci�n remanente incorpora, centralmente, los cambios en los precios y en las cantidades y en el grado de cumplimiento de la obligaci�n tributaria.
Al respecto, cabe destacar que en una fase expansiva del ciclo econ�mico como la actual, los niveles de morosidad tienden a disminuir y, por lo tanto, la recaudaci�n a incrementarse. En cambio, la reducci�n en los niveles de evasi�n registrados, derivada de las indudables mejoras alcanzadas durante los �ltimos a�os en la administraci�n tributaria, no se mantiene o aumenta, de manera necesaria, con la continuidad de la fase ascendente del ciclo. En tal sentido, los especialistas tributarios coinciden en que dos puntos porcentuales por a�o de aumento de la recaudaci�n del IVA pueden ser adjudicados a estos factores.
En principio, esta idea presenta la ventaja que se trata de dos indicadores que se elaboran con frecuencia mensual, y que al estar el IVA generalizado a casi la totalidad de los bienes y servicios de la econom�a, impl�citamente representa una canasta de consumo m�s parecida a la del IPC. Presenta, en cambio, el inconveniente que los bienes y servicios utilizados para la estimaci�n del EMAE constituyen un conjunto m�s reducido que el incluido en la canasta del IPC. Pero en ausencia de una mejor y r�pida alternativa de c�lculo, y sin ignorar las limitaciones que los hechos se�alados implican, se ha intentado una estimaci�n de la inflaci�n "verdadera" a partir de estos elementos.
La recaudaci�n del IVA tiene dos componentes: el IVA-DGI y el IVA-ADUANA. El primero corresponde a lo ingresado en concepto de la actividad econ�mica interna, mientras que el segundo a lo abonado por las importaciones, ya sean estas de bienes de capital, intermedios, de consumo durable o de consumo no durable. Dado que no se cuenta, en esta ocasi�n, con la informaci�n de recaudaci�n correspondiente a estas dos �ltimas categor�as de bienes se ha optado por considerar, a los fines de la estimaci�n de la "verdadera" tasa de inflaci�n, s�lo a la recaudaci�n del IVA-DGI (3) .
A su vez, la recaudaci�n neta del IVA se ve afectada, entre otros conceptos, por el valor de las devoluciones y por los reintegros a las exportaciones. En el caso de las primeras, cabe tener en cuenta, por ejemplo, la devoluci�n parcial por las compras realizadas con tarjeta de d�bito y de cr�dito, los saldos a favor de los contribuyentes en virtud de reg�menes especiales de promoci�n o exenci�n, o errores en las liquidaciones, por citar a las m�s frecuentes. Dado que esas devoluciones se corresponden con hechos imponibles generados internamente, se entiende que a los fines de esta estimaci�n de la "verdadera" tasa de inflaci�n, la recaudaci�n a ser considerada es la bruta.
En el caso de las ventas al exterior, el r�gimen del impuesto al valor agregado las exime, permitiendo el recupero del valor del tributo abonado en la compra de bienes y servicios destinados a esas mismas exportaciones. En consecuencia, cuanto mayor sea el peso de las ventas al exterior en las ventas totales, mayor deber�a ser el valor de los reintegros. Dado que no se cuenta, para esta ocasi�n, con la informaci�n adecuada sobre reintegros, se ha optado por excluirlas del c�lculo de la "verdadera" tasa de inflaci�n(4).
Uno de los c�lculos realizados compara el promedio de los dos primeros meses de los �ltimos tres a�os. Se observa, en este caso, que la tasa de inflaci�n del IPC fue, en el 2006, muy similar a la impl�cita a trav�s de la recaudaci�n del IVA y el EMAE (11.8% versus 10.8%). Sin embargo, mientras el IPC muestra en el primer bimestre de este a�o una reducci�n en la tasa de inflaci�n (9.6%), la estimaci�n de la tasa "verdadera" exhibe no s�lo un valor superior al a�o anterior sino, adem�s, sustantivamente m�s alto que el del IPC (24.7%).
Sin embargo, considerar s�lo un bimestre puede introducir importantes distorsiones. Para evitar ese inconveniente, se hizo la estimaci�n para los doce meses comprendidos entre los meses de marzo de un a�o a febrero del siguiente. En este caso, el IPC mantiene un valor similar para los dos �ltimos a�os (10.3% y 10.5%), mientras que la tasa de inflaci�n impl�cita pasa de un 8% anual a un 20.1% por a�o. Esto es, duplica la registrada a partir del IPC.
Por �ltimo se calcul� el promedio m�vil de 12 meses comenzando con el a�o 2002. En este caso se observa, por un lado, que desde mediados de 2005 mientras la tasa de inflaci�n registrada por el IPC muestra una tendencia decreciente, la impl�cita calculada a trav�s del IVA y el EMAE exhibe el comportamiento opuesto. Por el otro lado, para los doce meses comprendidos entre marzo de 2006 y febrero de 2007, el IPC muestra una variaci�n anual del 10.7% y la tasa de inflaci�n "verdadera" arroja un valor del 19.5%.
En s�ntesis, m�s all� de las imperfecciones que esta estimaci�n puede arrastrar, dos cuestiones parecen evidentes: en primer lugar, que en lugar de que la tasa de inflaci�n tienda a disminuir, las evidencias muestran una aceleraci�n. En segundo lugar, que la discrepancia entre el IPC y la estimaci�n impl�cita es creciente y duplica al c�lculo oficial.
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Carlos E. Bonvecchi
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(1) Las variaciones en la recaudaci�n del IVA recogen no s�lo los cambios producidos en las cantidades y precios sino, tambi�n, las modificaciones registradas en los niveles de mora y evasi�n, en la legislaci�n tributaria y en las normas de liquidaci�n y percepci�n del tributo. Asimismo, son sensibles a la variaci�n en el n�mero de d�as h�biles mensuales, como respecto de la incorporaci�n de un n�mero mayor de contribuyentes.
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(2) La recaudaci�n del IVA de un mes corresponde a los hechos imponibles generados el mes anterior. A pesar de ello, las estimaciones sobre la "verdadera" tasa de inflaci�n no difieren mayormente, si los datos se computan a trav�s de las series originales o desfasadas. Lo mismo se observa en el caso de las series desestacionalizadas.
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(3) Aunque la canasta del IPC no incluye bienes intermedios y de capital, la exclusi�n de la recaudaci�n del IVA-ADUANA por los bienes de consumo importados subestima el valor total de los ingresos que deber�an considerarse. Esta subestimaci�n ser� mayor en la medida que estas importaciones crezcan m�s r�pido que las cantidades producidas internamente, que los precios de los bienes importados aumenten m�s que los internos, que el tipo de cambio nominal var�e m�s que los precios locales.
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(4) En suma, por el lado de las importaciones se estar�a subestimando la recaudaci�n del IVA que deber�a ser considerada. En cambio, en el caso de las exportaciones, se la estar�a sobrestimando. La no incorporaci�n de ambos datos (IVA-ADUANA y reintegros) significa, impl�citamente, que se asume una suerte de compensaci�n entre ambos (aunque el valor de las exportaciones es mayor que el de las importaciones, la al�cuota del IVA abonada es superior al reintegro promedio).
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